miércoles, 27 de noviembre de 2013

Las señales del sufrimiento 


            El sufrimiento se nos presenta y nos despierta; nos pone frente a la carencia. Se sufre porque algo que queremos no está, por un deseo no satisfecho; hay una polaridad entre lo que percibimos en nuestra realidad y lo que deseamos.
            El sufrimiento nos presenta un desafío: podemos estancarnos en él o podemos animarnos a recorrer el camino para trascender la polaridad de ese deseo, de la ausencia, de la pérdida.
            El primer paso es aceptar, abrazar ese sufrimiento. Abrirse a la realidad, conectarse con ella tal cual es, aceptarla sin evadirla.
            Una gran parte del sufrimiento proviene de esta resistencia a lo que es. La realidad no es buena o mala es sí misma. La realidad es. La cualidad de buena o malo la ponemos nosotros, la calificamos de acuerdo a nuestros deseos, expectativas y programaciones, a los juicios, creencias,  estructuras de pensamientos que hemos heredado, construido.
            La realidad es. La realidad que percibimos tiene un sentido. Un sentido que puedo no saber hoy, que puedo no conocer, no descubrir y ni siquiera imaginar pero que es subyacente a esa realidad.
            Todo forma parte de un plan que se gestó en un plano espiritual.
            El segundo paso, después de poder aceptar sin juzgar, buscando comprender, es asumir que esa realidad que percibimos y en la cual encontramos aspectos que nos causan displacer, la estamos creando nosotros energéticamente minuto a minuto.  Hay una energía que emanamos  que atrae lo que nos  sucede desde una frecuencia vibratoria correspondiente. Si esa energía procede de nuestra  esencia divina, atraerá amor, abundancia y nos  sentiremos  plenos, vitales. Si no lo sentimos  así, lo que atraeremos  es una señal de que estamos  desconectados de lo verdadero en nosotros . Entonces debe haber algún bloqueo, alguna resistencia, algún miedo o culpa.
            Es importante recordar a esta altura lo que mencionábamos al comienzo: la realidad no es buena ni mala, sólo la calificamos  así. De modo que a veces atraemos  situaciones que vivimos  como malas , pero que pueden ser posibilitadoras de cambios, trasformaciones, aprendizajes que no se darían de otra manera. Solamente cuando aprendamos  a estar despiertos desde el bienestar total dejaremos  de necesitar sufrir para aprender. Hay una instancia en nuestro interior que conoce nuestra misión , lo que vinimos a hacer aquí en la tierra, y si nos apartamos de esa misión, puede mandar frecuencias de cambio a nuestra realidad y empezaremos a crear situaciones para despertar. En ocasiones la realidad me muestra una sombra en mi interior que no estamos  asumiendo, algo de lo que no  me estoy haciendo cargo, que me niego a ver como propio. Al proyectarlo en el mundo circundante vuelve a nuestra  percepción como una amenaza, un ataque, algo que  produce sufrimiento y que parece ajeno y externo. Son mis partes oscuras no asumidas, no reconocidas.
            Cuando asumimos toda la responsabilidad por todo lo que no ocurre, desde allí podemos conectarnos con la Divinidad para descifrar el mensaje, y hacer la transformación. Es importante entregarse y escuchar, escuchar el mensaje que subyace a todo lo que está ocurriendo y que aún no comprendemos.
            
           

            

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